CRISIS PERSONAL. ¿Por qué sufro tanto?

LAS BASES DEL SUFRIMIENTO HUMANO: ¿Dejar de sufrir es posible?

Muchas personas buscan ayuda en un psicólogo cuando ya no saben qué más hacer consigo mismas; cuando su sufrimiento empieza a ahogarlas y se dan cuenta de que sus estrategias y recursos personales ya no funcionan.

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Hoy en día el sufrimiento está mal visto; por lo que las personas que sufren, no sólo no consiguen escapar de su malestar, sino que además se obligan a sí mismas a esconderlo: “¡que nadie lo note!”

Estigmatizar el sufrimiento se convierte entonces, en una condena; porque las personas empiezan a sentirse, raras, diferentes, enfermas o complicadas y se esfuerzan en negar, tapar o esconder su dolor. Lo esconden a los demás y, lo que es aún peor, intentan escondérselo a sí mismas.

Como si la condición natural del ser humano fuera la felicidad absoluta y constante y como si el sufrimiento sólo fuera de algunos pocos, “los que están fatal”. Pero el peso de llevar esas máscaras y falsear nuestro estado real, no sólo no resuelve ese dolor sino que además lo aumenta.

Estigmatizar y esconder el dolor nos hace sufrir doblemente.

Con el tiempo, la diferencia entre el interior y lo que tratamos de aparentar, se va haciendo más y más grande y cada vez nos cuesta más de sostener; por lo que nos sentimos progresivamente más frustrados e inseguros. Este esfuerzo, que resulta contraproducente, nos confirma nuestro dolor y empezamos a compararnos con los ideales que venden la sociedad, la televisión y las revistas. Nos comparamos con el exterior de los demás: “todo el mundo está feliz y pleno, lo mío no es normal”.

Pero, lo que la gente aparenta y la imagen que transmiten los medios de comunicación, poco tiene que ver con la realidad.

El sufrimiento es propio del ser humano y negarlo es obviar una parte natural de lo que en realidad somos. Es casi como querer defender la vida negando la muerte, o enaltecer la existencia del día negando la evidencia de la noche. Vida y muerte, día y noche, luz y oscuridad, felicidad y sufrimiento, son dos caras de la misma moneda y una no puede existir sin la otra.

Necesitamos validar el sufrimiento, que es connatural al ser humano.

El problema no está en el dolor, sino en la intención de negarlo, de huirlo o de anularlo. Cuanto más nos esforzamos en disimular o eliminar el dolor, más poderoso se vuelve. Así que si no atendemos un dolor natural y lo atravesamos, puede transformarse en sufrimiento patológico.

Con el sufrimiento pasa algo parecido que con las heridas físicas; cuando una herida es leve, se cura sola y con el tiempo; cuando una herida es importante, si no la tratamos, va empeorando y el tiempo se vuelve peligroso.

Aunque las personas hacemos cosas muy raras con el dolor:

✓ Nos obsesionamos con heridas poco relevantes, hasta que nos invaden.
✓ Obviamos y negamos heridas graves, que van creciendo silenciosamente en nuestro interior.
✓ Ocultamos el dolor y el sufrimiento tras una cara alegre, pero forzada.
✓ Intentamos huir de nuestro dolor con una droga o a través del enganche con una persona.
✓ Nos conformamos y nos autoengañamos con tal de no enterarnos de una situación dolorosa.
✓ Fingimos seguridad y felicidad cuando nos estamos desmoronando por dentro.

Cuando gestionamos mal el dolor, generamos más sufrimiento. ¿Estamos locos?

✓ Cuando no atendemos una infección orgánica, se extiende y empeora.
✓ Cuando no atendemos un dolor emocional, este crece y nos invade.
✓ Cuando sobredimensionamos una herida física, perdemos el tiempo y nos angustiamos.
✓ Cuando nos obsesionamos con un dolor psicológico, lo alimentamos y le damos poder.

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Así que tenemos dos maneras de hacernos daño: dándole “bombo” a un dolor natural o subestimando un dolor importante.

Y si es tan obvio, ¿por qué hacemos eso?

Pues porque a veces:

✓ No sabemos qué nos sucede.
✓ No sabemos qué hacer con lo que nos sucede.
✓ Nos da miedo afrontar la verdad que ese dolor nos recuerda.
✓ Secretamente, ese dolor nos da un lugar en el mundo.
✓ Nos desensibilizamos ante el dolor para no sentirlo.
✓ Creemos que lo nuestro no tiene remedio.
✓ Pensamos que si no lloramos, nadie nos va a ver.
✓ Preferimos fingir que todo va bien, que arriesgarnos a resultar pesados o a ser rechazados.

Así que las personas que no encuentran la manera de seguir soportando ni escondiendo su malestar; acuden a terapia individual solicitando una fórmula mágica, “algo rápido y fácil para dejar de sufrir”; una solución que les “quite” este dolor.

Pero, ¿Se puede quitar el sufrimiento?

La mala noticia es que el sufrimiento no se puede quitar ni poner; es una condición psicológica y emocional que pertenece al mundo subjetivo e individual de cada persona. No hay que exterminarlo, sino aprender a transitarlo y a normalizarlo. Al atravesar y acompañar el dolor, decrece y desaparece.

Entonces, ¿Aprender a sufrir o librarse del sufrimiento?

Por supuesto, en terapia se trata de “Aprender a sufrir”. Aprender a sufrir es aprender a comprenderse, a cuidarse, a vivir, a ser lo que somos. Al hacerlo, el sufrimiento “sucede” y después desaparece, dando paso a la percepción de nuevos retos y oportunidades.

El objetivo: aprender a convivir con el dolor y a atravesarlo.

• Escuchar lo que nuestra herida tiene que decirnos.
• Validar nuestro dolor en lugar de negarlo, esconderlo o estigmatizarlo.
• Aprender a cuidarnos y a acompañarnos cuando estamos tristes, preocupados o nerviosos.
• Aceptar, sin resistirse ni apegarse, las pérdidas o realidades que hemos dejado atrás o las que ahora empiezan.
• Aprender a estar en dolor y a atravesarlo, para que en lugar de estancarse, se vaya disolviendo.
• Hacerse responsable de las demandas ocultas tras la herida y actuar para atenderlas.
• Descubrir los puntos ciegos en el propio carácter, aumentando nuestra consciencia personal y obteniendo la libertad para elegir nuestro propio destino.
• Aprender a vivir dentro de nosotros mismos, sin infravalorar ni sobredimensionar lo que nos sucede.
• Mirar más allá de la tormenta de hoy, entendiendo que las tormentas nunca son eternas y que, al cabo de unos días, siempre vuelve a salir el sol.
• Construir nuevos retos y ilusiones de futuro.
• Desarrollar nuevas habilidades y recursos personales como resultado constructivo de la crisis personal.
• Aprender a saborear la felicidad, siempre más plena y serena, que llega tras la aceptación y la superación proactiva de una crisis personal.

Atravesar y validar el dolor es el camino más rápido y eficaz para aliviar el sufrimiento.

Esta entrada fue publicada en Adaptación al Cambio, Adicción y Dependencia Emocional, Autoestima y Confianza Personal, Crisis de Pareja y Terapia de Pareja, Crisis Existencial, Crisis Personal, Crisis Profesional o Vocacional, Depresión y Ansiedad, Liderazgo Personal, Miedo y Inseguridad, Sentido de la Vida y Vacío Existencial, Timidez y Habilidades Sociales, Vivir en Tiempos de Incertidumbre. Guarda el enlace permanente.

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